lunes, 22 de septiembre de 2008

Carlos Esteban Deive

NEOBARROQUISMO LÉXICO E HISTORIA EN VIENTO NEGRO, BOSQUE DEL CAIMÁN DE CARLOS ESTEBAN DEIVE[1]

Ya hemos situado el retorno a una novelista en la que los acontecimientos históricos se ponen en primer plano y que tiene su punto de partida en la poética de Alejo Carpentier. Estas historias noveladas, o novelas con historia, han tenido una mayor producción y difusión en los años sesetenta. Tal parece que esa época ha tendido sumo interés en el rescate de la memoria histórica.

Este tipo de novelas existe en toda América hispana y también en España, aunque la que se hace en América tiene unas características muy particulares. En el Caribe ha tenido un cultivo sostenido. En la Cuba de Carpentier, están también las obras de Arenas y Antonio Benítez Rojo y en Puerto Rico, Edgardo Rodríguez Juliá, Olga Nolla, Tomás López Ramírez, Luis López Nieves y Ana Lydia Vega.

En Santo Domingo, además de Pedro Mir, hay que tener muy en cuenta las novelas de Carlos Esteban Deive, un antropólogo, legicólogo e historidor que tiene a su haber la publicación de tres novelas: Magdalena (1962), Las devastaciones, sobre el período histórico de los despoblamientos en la colonia española de Santo Domingo, y ahora, Viento negro, Bosque del Caimán, que toca el período histórico de la sublevación de los esclavos de la colonia francesa de Saint Domingue que va a culminar con la abolición de la esclavitud en la Española y la fundación de la República de Haití.

Esta obra es importante en la media en que nos presenta la historicidad de unos sucesos que han quedado atrapados en las estategias ideológicas y discursivas de los historiadores. La cotidianidad que constituyen los sujetos en el diario vivir es recuperada por el autor haciendo que podamos volver a econtrar esa memoria perdida. También es de mucho valor el relado de Deive, pues nos presenta la concomitancia entre las dos colonias. Esto permite que veamos en sus múltiples contradicciones un acontecimiento que la historia presenta en su unidad. En fin, la obra elabora el contraste entre la la grandeza de la colonia del Santo Domingo francés, frente a la podreza del Santo Domingo español. La vida de ambas colonia, la francesa y la española están, superpuesta en la narración crea un sólo hilo conductor del sentido novelesco.


[1] Carlos Esteban Deive. Viento negro, Bosque del Caimán. Santo Domingo: Editora Centenario, 2001.

(Véase, Miguel Ángel Fornerín: Ensayos sobre literatura puertorriqueña y dominicana. Santo Domingo: Ferilibro, 2004).

Andrés L. Mateo, Errancia y creación

La errancia intelectual de Pedro Henríquez Ureña


En la iconografía duartista existe una pintura, ya canónica por la reiteración de su presencia en el marco de las festividades de la República. Es un óleo del pintor fundador de nuestra plástica, Luis Desangles. En esta obra, en la que dialogan el origen de la nación con el origen de la actividad artística, se puede ver a Juan Pablo Duarte sentado en un peñón solitario, oteando la patria lejana que se simboliza mediante la imagen de la Puerta del Conde, monumento en el que se instala la bandera nacional.
Esta obra, por razones que no puedo explicar, me ha acompañado durante los años de mi exilio literario o económico, como prefieren algunos; pero un somero análisis de este icono nacional nos remite al destino de nuestra República de las letras, que es en fin de cuentas, la República de nuestros sueños. El padre de la Patria mira desde la distancia a su criatura, en medio de ella está el mar anchuroso y casi violento de los caribes. La mirada patriótica es la visión del poeta exiliado, el primero expulsado, cuán designio platónico, de la misma República que él fundara.
Un dominicano en otro espacio, en un lugar que no era el de la utopía sino una heterotopía. El peñón solitario, la distancia de la patria-tierra, el mar como frontera, los símbolos desdibujados, casi perdidos en la noche, podrían constituirse en metáforas de una realidad dominicana que hoy es nuestro destino; en tropos que son también el camino que muchos están obligados a andar y desandar.

(Véase, Miguel Ángel Fornerín: Ensayos sobre literatura puertorriqueña y dominicana. Santo Domingo: Ferilibro, 2004).

Valdez, Pedro Antonio

EVASIÓN, SORDIDEZ Y DUALISMO EN CARNAVAL DE SODOMA
DE PEDRO ANTONIO VALDEZ

Pedro Antonio Valdez nos había dado la idea del nacimiento de un novelista en su primera obra, La bachata del ángel caído, y ahora refuerza su trabajo literario con Carnaval de Sodoma (Alfaguara, 2002).Esta última viene a contribuir a la conformación de una narrativa innovadora que recién comienza. Creo que la nueva propuesta narrativa debe ser analizada desde el texto, pero también como una manifestación de corte generacional. En este trabajo explicaremos hasta dónde ese corte ha sido significativo.
En su primera novela, La bachata del ángel caído, Valdez mostraba algunos aspectos que me parecían revelantes y que aprovecho para plantear aquí y revaluar de acuerdo a esta segunda obra. En primer lugar, en el lenguaje de Pedro Antonio Valdez encontramos una elaboración lingüística más cercana al neobarroquismo latinoamericano que al neorrealismo que tiene como máximo exponente a Mario Vargas Llosa. Podríamos decir que, salvando la distancia, el lenguaje que da sus primeros pininos en Bachata es más cercano al de Gabriel García Márquez que al del autor de La fiesta del chivo. El neobarrquismo es una corriente poderosa en la narrativa dominicana de los setenta.

Si tomamos este modelo, la obra de Pedro Antonio Valdez estaría más cercana a la narrativa de Pedro Peix y de Andrés L. Mateo que a la de los narradores de los ochenta, como Emilia Pedreira y Frank Núñez. Esto demuestra un giro hacia una tendencia que es más dominante en la narrativa hispanoamericana. Y manifiesta, como en Carpentier, el gusto por el arcaísmo, el rejego lingüístico, la arqueología de la palabra, el trabajo de la creación lingüística, el juego de los contextos semánticos que se manifiestan nuestra cultura.

Aunque donde se hizo más innovador el discurso narrativo de Valdez, es en el uso del humor. Hasta él la literatura dominicana está dominada por la ironía. En Bachata el humor supera a la ironía y refuerza una visión lúdica de la dominicanidad que, si bien se encuentra en la cultura popular, no es central en los discursos de los letrados. El humor de Valdez es el punto de lanza que hiere una tradición letrada. Sin embargo, se convierte en clásico en la medida en que refleja el dualismo de la vida dominicana, su relación entre el cielo y la tierra, así como entre lo profano y lo sagrado. De ahí que la metáfora del “ángel caído” no puede ser vista como una trascendencia, sino como un vivir la cotidianidad con una fuerte carga moral.

Ÿ(Véase, Miguel ángel Fornerín: Ensayos sobre literatura puertorriqueña y dominicana. Santo Domingo: Ferilibro, 2004).

López Adorno, Pedro

EL AÑO TERRIBLE: ASPIRACIÓN CIUDADANA EN LA RELIGIÓN DE LOS ADÚLTEROS DE PEDRO LÓPEZ ADORNO


Pedro López Adorno, poeta y profesor universitario, dio a la estampa en 1996 esta obra en lo que la historicidad se afirman a través del telón de fondo en el que se reflejan los personajes novelados. El año terrible del 87, fue, políticamente, el punto más alto en la historia puertorriqueña en el que se debatieron las identidades criollas y la filiación peninsular. La desesperación del imperio español que se daba sus últimos aletazos de en las Antillas.

La obra de López Adorno sigue la escritura del canon y lo que ha sido la tradición literaria puertorriqueña: explican a Puerto Rico. Pero esta explicación a parece como letra de fondo y a veces como aspiración del protagonista de constituir socialmente al ciudadano. Una historia de amor marcada por una relación triangular surge en una tertulia literaria. La historia sentimental se cuenta mientras que la historia del año terrible aparece referida.

López Adorno construye dos sujetos enfrentados a sus propios sentimientos y a las ideas vinculadas por la relación matrimonial, mientras la mujer busca realizarse en la vida sentimental el protagonista, un periodista, retrata su aspiración a una nueva situación política que en un principio se manifiesta como una aprobación de las ideas del liberalismo antillano y la construcción republicana. El autor caracteriza el ambiente de la época a través de la música: las danzas de Morel Campos y Tavárez; las actividades literarias; como las fuerzas morales y constantes referencias a la cocina puertorriqueña. Pero lo que más caracteriza el ambiente de la época es la referencialidad al discurso y las acciones políticas.

(Véase: Fornerín, Miguel Ángel: Ensayos sobre literatura puertorriqueña y dominicana. Santo Domingo: Ferilibro, 2004).